sábado, 1 de septiembre de 2012

Post-Erasmus

Puede que lo que voy a escribir a continuación no le interese a nadie, o quizás sí, pero la verdad me parece casi necesario explicar algunas cosas que derivan del fin de la Erasmus y que mucha gente no entiende, o no quiere entender.

Alguna vez me han llamado pesada durante este verano, pesada por hacer comparaciones entre Suecia y España que desfavorezcan a la segunda; pesada porque la Erasmus se me ha acabado y parece que no me de cuenta o no quiera aceptarlo; pesada por recordar este o aquel suceso... y que siga p'alante, que pase página, bla bla bla.

Gran parte de la gente que me ha dicho cosas así (afortunadamente no ha sido mucha, ojo) no ha pasado por una Erasmus, ni por un período fuera de España "por su cuenta", quizá ni siquiera han puesto un pie fuera de este país. Por una parte debo decir que, para personas que me ven a menudo, pueden acabar cansando los suspiros de nostalgia, las comparaciones o las anécdotas, pero... ¿de verdad no sois capaces de verlo como algo normal?

Conozco a gente que se ha ido de Erasmus y después no han tenido problema. Es decir, que tenían más ganas de volver a casa que de quedarse fuera, gente que incluso acortó su estancia, etc. No quiere decir que no hayan pasado por una buena experiencia, pero cada uno la vive de un modo distinto. Unos se apegan más a esa "segunda vida" temporal, y otros no lo hacen, aunque eso no les impida disfrutarla. Es más que obvio que yo entro dentro del grupo de quienes se han apegado a ella, a saco.
Tengo amigos que tuvieron la suerte de irse con becas de verano de dos semanas al extranjero, y ocurre lo mismo. Unos vuelven diciéndote que ha estado bien, y otros vuelven llorando de la pena. La Erasmus es igual, pero multiplicado por... bueno, por mucho.

Un primer punto... cuando os vais de viaje, ¿no os notáis diferentes?¿o que algo cambia? Cuando estás de viaje te levantas de forma distinta por las mañanas, esperas que sean las nuevas experiencias las que tiñan esos días. Esto es igual, pero durante todo un año (bueno, venga, diez meses, pero no nos vamos a andar con detallitos). Sí, a lo mejor cuando llevas más de la mitad del tiempo de la beca cumplido ya esa sensación al levantarte de esperar algo nuevo no es tan fuerte, pero sigue ahí. Esta experiencia te cambia completamente el chip (al menos a mí me lo cambió). Tienes más energía para hacer cosas, para moverte de un lado a otro, para hacer actividades que no has hecho antes, aventurarte a aprender de lo que sea. Es un viaje de un año, y te acabas acostumbrando a que esa filosofía de viaje sea tu rutina, una rutina mucho más emocionante de la que hayas podido tener antes.

Segundo punto... la independencia. Vale que será una independencia incompleta, porque cosas como el alojamiento te vienen fácil (bueno, dependiendo del caso, sé que muchos otros Erasmus han muerto de asco hasta encontrar un techo), y no tienes que trabajar (por lo general) para costearte el mes, porque el dinero te viene de la beca (sumándole ayuditas de la familia). Pero en cierto modo es una antesala a lo que te vendrá cuando te independices. Aprendes a organizarte tú, a hacerte la colada, a estar pendiente de lo que te hace falta y no para hacer la compra, a pensar en las comidas, pensar en el gasto y buscarte la vida si te surge algún problema o imprevisto. Al principio a lo mejor te da pereza, o incluso miedo porque te ves frente a una lavadora en otro idioma que no sabes cómo programar, y te entra el miedo de a ver si vas a mezclar mal los tejidos o colores y vas a estropear la mitad de tu vestuario. Sin embargo se le acaba cogiendo el gusto, y mucho. Algunos echan de menos a sus madres porque les cocinaban esto o aquello, o les hacían la compra que necesitaban, o les planchaba la ropa, o les hacía mantener un horario de comidas normal... lo que sea. Para otros es todo lo contrario, volver a casa y ver que la mitad de las cosas las tienes ya hechas, por muy cómodo que sea, una vez pruebas hacerlo todo por tu cuenta... volver a casa se puede hacer complicado. También, aunque al principio dices "joder, qué perdida y verde estoy", al final te acaba gustando eso de  buscarte la vida por tu cuenta, se gana mucho desparpajo, confianza y decisión.

Tercero... conocer sitios nuevos. En mi caso tuve la suerte de irme a un país tan "desapercibido" como Suecia, además en una localización en la que tenía muchos destinos a relativamente poca distancia. Antes de ir para allá nunca había salido de España antes, aunque sí había viajado por su interior. Ya de por sí aquí se pueden notar las diferencias entre, por ejemplo, norte y sur del país. Cuando viajas a otros países y ciudades estando de Erasmus, las diferencias casi que te saturan. Por supuesto, el poder decir cosas como "he cruzado el Círculo Polar Ártico" o "en el mismo día estuve en Suecia, Dinamarca y Alemania", es algo que cuando lo haces no te parece tanto, pero cuando lo piensas un tiempo después es alucinante (y que no habrías imaginado decir nunca años atrás).

Cuarto, y creo que el punto más decisivo: las amistades que se hacen. ¿Nunca habéis invitado a vuestra casa a X amigos durante unos días y, una vez se han marchado, os habéis sentido así como un poquito desubicados y tristones? Cuando llegas a tu destino Erasmus empiezas a ver a decenas y decenas de estudiantes en tu situación: en un país nuevo, solos y sin conocer a nadie (la mayoría de las veces). Eso siempre favorece el que rápidamente vayas conociendo a unos a otros y se vayan formando círculos, lo normal. Lo que pasa es que a medida que corre el tiempo, vas conociendo de verdad a esas personas que te rodean, a aquellos con los que sales de fiesta, a aquellos con los que convives bajo un mismo techo, y al fin y al cabo se acaban convirtiendo en tu familia, porque la de sangre la tienes a miles de kilómetros de distancia. Se comparten muchísimas experiencias con las mismas personas durante esos diez meses, y te pasas con ellos más horas diarias de las que pasas sola en tu habitación. ¿De verdad es reprochable que joda tanto el hecho de que, tras convivir un año con una serie de personas, se les eche terriblemente de menos cuando pasas de esa convivencia a no tener comunicación con ellos de un día para otro? Porque es así, por la mañana estás con esas personas que marcan tu vida fuera, y por la noche estás de vuelta en tu ciudad, en tu casa, y se supone que no puedes tener el ánimo por los suelos. Venga ya, hombre...

Quinto, el que imagino será el último punto porque no sé si me dejo algo... pero de todos modos esta entrada está cobrando una longitud considerable... la llamada depresión post-Erasmus. Aquí se junta todo lo que he explicado anteriormente, y algunas cosas más. Pongámonos en situación: se te acaba la Erasmus y vuelves a casa, duermes esa noche y al día siguiente te levantas sin saber dónde estás. No sabes muy bien si esperar algo nuevo, no le puedes dar los buenos días a tus compañeros de piso, no estás esperando ningún viaje en fechas próximas, el clima es distinto, y tu madre tiene una comida preparada para ese día, cuando tu cabeza ya casi había empezado a pensar qué comer.
Cuando pasa un tiempo (para algunos días, para otros semanas), ya se te hace el cuerpo a que estás de vuelta, que se te ha acabado esa otra vida, que estás en tu casa de siempre, con tu familia y amigos de siempre. ¿Qué pasa entonces? Que tú probablemente hayas cambiado mucho en diferentes aspectos, que cuando vuelves de la Erasmus sientes que has avanzado, y te encuentras con que la gente que te rodea en tu vida normal no parece haberlo hecho, todo parece exactamente igual que antes de que te fueras. Tú te acostumbras a una vida distinta y nueva, y cuando vuelves, ES LO PUTO MISMO DE SIEMPRE. Eso te desanima, y encima te sientes culpable por ello. La gente que llevaba meses esperando verte nota que estás y no estás, y por eso también te sientes culpable, porque sabes que llevan X tiempo con ganas de estar contigo, y tú no sabes cómo estar.
Hace unos días estuve pensando en aquello de las etapas de la vida. ¿Por qué no da pena acabar el colegio, o la ESO, o Bachillerato, si al fin y al cabo también has pasado muchísimas horas junto a las mismas personas y a algunas quizá no las vuelvas a ver? Bueno, quitando obviedades (como que muchas de esas personas viven en tu barrio, y no en otro país), supuse que era porque, cada vez que finalizas una de esas etapas, avanzas hacia algo "superior", y también nuevo. Sin embargo, desde mi punto de vista, al menos, con la Erasmus es lo opuesto. Te vas hacia algo nuevo, pero vuelves a lo viejo. Vuelves a casa y retrocedes, todo cambia pero todo sigue igual, y no puedes hacer nada por remediarlo. Es una etapa que cuando acaba no te lleva a nada nuevo.

Creo que aquí puedo ir finalizando. Probablemente me haya dejado muchas cosas que quería expresar, pero si la cabeza no me falla, lo esencial está escrito. Quizás haya quedado un poco dramático, pero no lo relato como si esto fuese lo que piensa o por lo que pasa todo el mundo que vuelve de Erasmus, es mi propio punto de vista y mi experiencia, y el propósito de esta entrada ya lo dejé claro al principio. Por tanto, esperando que no me haya olvidado nada por añadir, ahí queda eso (y enhorabuena a quien haya podido leerlo hasta el final).

Hej då.

No hay comentarios:

Publicar un comentario