sábado, 1 de septiembre de 2012

Post-Erasmus

Puede que lo que voy a escribir a continuación no le interese a nadie, o quizás sí, pero la verdad me parece casi necesario explicar algunas cosas que derivan del fin de la Erasmus y que mucha gente no entiende, o no quiere entender.

Alguna vez me han llamado pesada durante este verano, pesada por hacer comparaciones entre Suecia y España que desfavorezcan a la segunda; pesada porque la Erasmus se me ha acabado y parece que no me de cuenta o no quiera aceptarlo; pesada por recordar este o aquel suceso... y que siga p'alante, que pase página, bla bla bla.

Gran parte de la gente que me ha dicho cosas así (afortunadamente no ha sido mucha, ojo) no ha pasado por una Erasmus, ni por un período fuera de España "por su cuenta", quizá ni siquiera han puesto un pie fuera de este país. Por una parte debo decir que, para personas que me ven a menudo, pueden acabar cansando los suspiros de nostalgia, las comparaciones o las anécdotas, pero... ¿de verdad no sois capaces de verlo como algo normal?

Conozco a gente que se ha ido de Erasmus y después no han tenido problema. Es decir, que tenían más ganas de volver a casa que de quedarse fuera, gente que incluso acortó su estancia, etc. No quiere decir que no hayan pasado por una buena experiencia, pero cada uno la vive de un modo distinto. Unos se apegan más a esa "segunda vida" temporal, y otros no lo hacen, aunque eso no les impida disfrutarla. Es más que obvio que yo entro dentro del grupo de quienes se han apegado a ella, a saco.
Tengo amigos que tuvieron la suerte de irse con becas de verano de dos semanas al extranjero, y ocurre lo mismo. Unos vuelven diciéndote que ha estado bien, y otros vuelven llorando de la pena. La Erasmus es igual, pero multiplicado por... bueno, por mucho.

Un primer punto... cuando os vais de viaje, ¿no os notáis diferentes?¿o que algo cambia? Cuando estás de viaje te levantas de forma distinta por las mañanas, esperas que sean las nuevas experiencias las que tiñan esos días. Esto es igual, pero durante todo un año (bueno, venga, diez meses, pero no nos vamos a andar con detallitos). Sí, a lo mejor cuando llevas más de la mitad del tiempo de la beca cumplido ya esa sensación al levantarte de esperar algo nuevo no es tan fuerte, pero sigue ahí. Esta experiencia te cambia completamente el chip (al menos a mí me lo cambió). Tienes más energía para hacer cosas, para moverte de un lado a otro, para hacer actividades que no has hecho antes, aventurarte a aprender de lo que sea. Es un viaje de un año, y te acabas acostumbrando a que esa filosofía de viaje sea tu rutina, una rutina mucho más emocionante de la que hayas podido tener antes.

Segundo punto... la independencia. Vale que será una independencia incompleta, porque cosas como el alojamiento te vienen fácil (bueno, dependiendo del caso, sé que muchos otros Erasmus han muerto de asco hasta encontrar un techo), y no tienes que trabajar (por lo general) para costearte el mes, porque el dinero te viene de la beca (sumándole ayuditas de la familia). Pero en cierto modo es una antesala a lo que te vendrá cuando te independices. Aprendes a organizarte tú, a hacerte la colada, a estar pendiente de lo que te hace falta y no para hacer la compra, a pensar en las comidas, pensar en el gasto y buscarte la vida si te surge algún problema o imprevisto. Al principio a lo mejor te da pereza, o incluso miedo porque te ves frente a una lavadora en otro idioma que no sabes cómo programar, y te entra el miedo de a ver si vas a mezclar mal los tejidos o colores y vas a estropear la mitad de tu vestuario. Sin embargo se le acaba cogiendo el gusto, y mucho. Algunos echan de menos a sus madres porque les cocinaban esto o aquello, o les hacían la compra que necesitaban, o les planchaba la ropa, o les hacía mantener un horario de comidas normal... lo que sea. Para otros es todo lo contrario, volver a casa y ver que la mitad de las cosas las tienes ya hechas, por muy cómodo que sea, una vez pruebas hacerlo todo por tu cuenta... volver a casa se puede hacer complicado. También, aunque al principio dices "joder, qué perdida y verde estoy", al final te acaba gustando eso de  buscarte la vida por tu cuenta, se gana mucho desparpajo, confianza y decisión.

Tercero... conocer sitios nuevos. En mi caso tuve la suerte de irme a un país tan "desapercibido" como Suecia, además en una localización en la que tenía muchos destinos a relativamente poca distancia. Antes de ir para allá nunca había salido de España antes, aunque sí había viajado por su interior. Ya de por sí aquí se pueden notar las diferencias entre, por ejemplo, norte y sur del país. Cuando viajas a otros países y ciudades estando de Erasmus, las diferencias casi que te saturan. Por supuesto, el poder decir cosas como "he cruzado el Círculo Polar Ártico" o "en el mismo día estuve en Suecia, Dinamarca y Alemania", es algo que cuando lo haces no te parece tanto, pero cuando lo piensas un tiempo después es alucinante (y que no habrías imaginado decir nunca años atrás).

Cuarto, y creo que el punto más decisivo: las amistades que se hacen. ¿Nunca habéis invitado a vuestra casa a X amigos durante unos días y, una vez se han marchado, os habéis sentido así como un poquito desubicados y tristones? Cuando llegas a tu destino Erasmus empiezas a ver a decenas y decenas de estudiantes en tu situación: en un país nuevo, solos y sin conocer a nadie (la mayoría de las veces). Eso siempre favorece el que rápidamente vayas conociendo a unos a otros y se vayan formando círculos, lo normal. Lo que pasa es que a medida que corre el tiempo, vas conociendo de verdad a esas personas que te rodean, a aquellos con los que sales de fiesta, a aquellos con los que convives bajo un mismo techo, y al fin y al cabo se acaban convirtiendo en tu familia, porque la de sangre la tienes a miles de kilómetros de distancia. Se comparten muchísimas experiencias con las mismas personas durante esos diez meses, y te pasas con ellos más horas diarias de las que pasas sola en tu habitación. ¿De verdad es reprochable que joda tanto el hecho de que, tras convivir un año con una serie de personas, se les eche terriblemente de menos cuando pasas de esa convivencia a no tener comunicación con ellos de un día para otro? Porque es así, por la mañana estás con esas personas que marcan tu vida fuera, y por la noche estás de vuelta en tu ciudad, en tu casa, y se supone que no puedes tener el ánimo por los suelos. Venga ya, hombre...

Quinto, el que imagino será el último punto porque no sé si me dejo algo... pero de todos modos esta entrada está cobrando una longitud considerable... la llamada depresión post-Erasmus. Aquí se junta todo lo que he explicado anteriormente, y algunas cosas más. Pongámonos en situación: se te acaba la Erasmus y vuelves a casa, duermes esa noche y al día siguiente te levantas sin saber dónde estás. No sabes muy bien si esperar algo nuevo, no le puedes dar los buenos días a tus compañeros de piso, no estás esperando ningún viaje en fechas próximas, el clima es distinto, y tu madre tiene una comida preparada para ese día, cuando tu cabeza ya casi había empezado a pensar qué comer.
Cuando pasa un tiempo (para algunos días, para otros semanas), ya se te hace el cuerpo a que estás de vuelta, que se te ha acabado esa otra vida, que estás en tu casa de siempre, con tu familia y amigos de siempre. ¿Qué pasa entonces? Que tú probablemente hayas cambiado mucho en diferentes aspectos, que cuando vuelves de la Erasmus sientes que has avanzado, y te encuentras con que la gente que te rodea en tu vida normal no parece haberlo hecho, todo parece exactamente igual que antes de que te fueras. Tú te acostumbras a una vida distinta y nueva, y cuando vuelves, ES LO PUTO MISMO DE SIEMPRE. Eso te desanima, y encima te sientes culpable por ello. La gente que llevaba meses esperando verte nota que estás y no estás, y por eso también te sientes culpable, porque sabes que llevan X tiempo con ganas de estar contigo, y tú no sabes cómo estar.
Hace unos días estuve pensando en aquello de las etapas de la vida. ¿Por qué no da pena acabar el colegio, o la ESO, o Bachillerato, si al fin y al cabo también has pasado muchísimas horas junto a las mismas personas y a algunas quizá no las vuelvas a ver? Bueno, quitando obviedades (como que muchas de esas personas viven en tu barrio, y no en otro país), supuse que era porque, cada vez que finalizas una de esas etapas, avanzas hacia algo "superior", y también nuevo. Sin embargo, desde mi punto de vista, al menos, con la Erasmus es lo opuesto. Te vas hacia algo nuevo, pero vuelves a lo viejo. Vuelves a casa y retrocedes, todo cambia pero todo sigue igual, y no puedes hacer nada por remediarlo. Es una etapa que cuando acaba no te lleva a nada nuevo.

Creo que aquí puedo ir finalizando. Probablemente me haya dejado muchas cosas que quería expresar, pero si la cabeza no me falla, lo esencial está escrito. Quizás haya quedado un poco dramático, pero no lo relato como si esto fuese lo que piensa o por lo que pasa todo el mundo que vuelve de Erasmus, es mi propio punto de vista y mi experiencia, y el propósito de esta entrada ya lo dejé claro al principio. Por tanto, esperando que no me haya olvidado nada por añadir, ahí queda eso (y enhorabuena a quien haya podido leerlo hasta el final).

Hej då.

viernes, 23 de marzo de 2012

¿Llegar hasta el culo del mundo? ¡Fácil!



Ya está hecho. Por fin, tras meses de espera, conseguí pisar la Laponia sueca. No creo que sorprenda a nadie diciendo que esperaba hacer este viaje desde el mismo momento que puse un pie en Suecia, y lograrlo ha sido magnífico.

Todo empezó un gris 15 de marzo, cuando nos encaminábamos hacia la estación para enfrentarnos a 24 horas de viaje. ¿Por qué tantas? Porque cuando miras un mapa de Europa y ves Suecia no parece tan grande como es. Sin embargo, desde Halmstad hasta Abisko (sí, también es cierto que nos fuimos a uno de los lugares más al norte del país, bien cerquita de la frontera con Noruega) hay unos 1800/1900 kilómetros, casi nada, ¿eh?.

Primero hay que coger un tren desde Halmstad a Göteborg, esto no es nada, una horita de viaje. Posteriormente, otro tren desde Göteborg hasta Stockholm, este son unas tres horitas de viaje, pero con lo bien que se está en los trenes de SJ no se hace pesado para nada. La parte complicada viene luego, cuando hay que montarse en el tren nocturno que va desde Stockholm hasta Narvik (Noruega), en cuya ruta Abisko es una de las últimas paradas. Se supone que teníamos que estar 17h en el tren, pero fueron más de 20. Mejor me ahorro decir el deplorable estado en el cual llegué al pueblo.

Una vez allí, es tal y como lo imaginas. Unas cuantas casitas, un super, una gasolinera, cuestas everywhere, centímetros y centímetros de nieve, montañas alrededor... y la sensación de que estás perdida en un lugar de lo más remoto (no es para menos, ya que se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico).

La primera noche tuvimos suerte y había una gran actividad de auroras boreales. No sé cómo describir lo que sientes cuando abres la puerta del hostal y ves sobre tu cabeza esa luz verde, en forma de pico, abarcando un gran trozo de cielo, creciendo en luminosidad y moviéndose como si de llamas se tratase... Y más boquiabierta te quedas cuando miras hacia atrás y ves otra a tus espaldas en corriente, aún más brillante... y es que el cielo estaba lleno, las había por todas partes. Jodidamente precioso.

Al día siguiente también pudimos verlas, pero eran más débiles. Aún así sigue dejándote sin palabras, increíble. La tercera y última noche no hubo suerte, pero bueno, tampoco hay que ser tan exigente, ¿no? :)
El último día que estuvimos allí hicimos la actividad del dogsledge, lo que viene a ser llevar un trineo conducido por perros. Debo decir que me encantó, simple y llanamente. No esperé que fuese a ser algo tan magnífico, pero lo es. Cuando tienes la primera toma de contacto con los perros y ves que están bien entrenados y son, la mayoría, de lo más cariñoso. Una vez estas en el trineo piensas y empieza, no esperas la velocidad que se alcanza, entre la fuerza de los perros y lo bien que desliza aquello por la nieve, es alucinante. También tiene su peligro, cuando en las cuestas abajo tienes que frenar para no chocar con el que va delante tuya (porque tus perros molan más que nadie y van el doble de rápido), y el equilibrio se pierde fácilmente y acabas comiendo nieve como si no hubiera mañana y corriendo detrás de tu trineo mientras gritas a los demás que lo paren. Un espectáculo, sí señor.
Estuvimos con los trineos corriendo más de 1h, y los paisajes que ves durante ese rato son impagables, ahí es cuando te das cuenta de que realmente estás en mitad de la nada. Precioso (no sé cuántas veces habré escrito esta palabra en la entrada, pero no importa). Una de las fotos hechas desde el trineo en la cabecera de la publicación, que me da pereza arrastrarla todo el texto hasta aquí abajo :P

Eso es tod... ah, ¡no! También he aprendido a esquiar, y he comprobado que es cierto lo de que puedes ir por el pueblo y encontrarte un alce comiendo a dos metros de ti, verídico ;)
En definitiva, una experiencia increíble que, sin duda, pienso repetir en cuando tenga tiempo, dinero y compañía. Por supuesto, a todos os recomiendo realizar un viaje de este tipo en algún momento de vuestras vidas, el dinero gastado merece la pena, y mucho.

Hej då!




lunes, 27 de febrero de 2012

Invierno sueco

Parecía que el momento no iba a llegar nunca, ¡pero lo hizo! Y no hablo del momento de poner algo nuevo en el blog, sino del momento en el cual pudimos conocer cómo era un invierno por estas tierras. No ha sido todo lo duro que podía ser (según parece), pero nos trajo algunos regalitos a la vista que yo, al menos, no esperaba. Primero de todo, ¡por fin nevó! Una semana después de volver de Sevilla, cualquiera lo iba a decir, que tal como fue diciembre ya estaba pensando que íbamos a alcanzar los 20 grados en marzo (qué chispa que tengo).

Voy a mostrar la evolución del invierno con fotos de la playa. Esto fue tras la primera nevada:


Cabe decir que, entre frío, nevadas, hielo y sucesos extraños, decidí ponerme a expandir mis escasos conocimientos culinarios. Ya he alcanzado el nivel de la tortilla de patatas (pa' chuparse los dedillos de rica), a ver cómo sigue la cosa, que cuando vuelva en verano no me puedan volver a decir que sobrevivo de microondas, o que no sé hacer nada.

Bueno, continuando con el tema invernal, en febrero se nos congeló el mar. Así tal cual, que te llegue alguien un día diciéndote "oye, que se ha congelado la playa y se puede andar sobre el mar helado unos doscientos metros", vayas a comprobarlo y no sólo sea cierto, es que se podía andar más de un kilómetro hacia adentro, increíble.

A la semana o así, y de un día para otro, se descongeló por completo y volvimos a tener la playa tal cual es. Parecía que ya se acababa el invierno: sol todos los días durante más de una semana, días que se alargan, exámenes de sueco, poder salir sin congelarse, etc. Sin embargo, hace un par de días aquello volvía a estar como Alaska:
Y hasta aquí llego con el frikismo de lo que nos ha traído el tiempo. Simplemente considero lo más interesante que puedo poner por aquí, al fin y al cabo, no voy a escribir el Quijote sobre todas las cosas que han pasado desde noviembre, salvo decir que nunca más volveré a quejarme del invierno en Sevilla, ¡eso es una maravilla!
Ya tengo 30 créditos superados, es decir, que las cuatro asignaturas del primer semestre están más que aprobadas. Esfuerzo mínimo, cuando vuelva a Upordor en tercero voy a echar mucho de menos el ritmo relajado del sistema sueco.

Hasta aquí puedo llegar, que inspiración tengo poca, será cosa de que hoy no nos ha salido el sol. La próxima entrada caerá en unas semanas, que por fin podré pisar Abisko y si hay suerte volver con tropecientas fotos de auroras boreales y hablando de ello durante días hasta que alguien me calle :). Ale, ¡hasta buen ver!

PD: ¡Feliz Día de Andalucía por adelantado!

lunes, 21 de noviembre de 2011

Oslo


Poco hay que explicar, teniendo en cuenta que el título deja claro de qué va esta entrada. Este fin de semana, cuatro decidimos hacer una escapadita a la capital noruega, que en noviembre no habíamos hecho ningún viajecito, ¡y eso no puede ser!.

Empezaré diciendo que el viaje comenzó de forma interesante. Bus medio vacío, y en su interior un vagabundo (¿cómo habría pagado el bus?) que iba al baño cada 10 minutos (tenemos varias teorías, pero nadie sabe aún con seguridad qué hacía ahí dentro. Una dice que lo escuchaba vomitar, pero eso significaría que lo hizo 8 veces en 1h y media, ¿cómo seguía en pie?). Afortunadamente para nosotros, se quedó en Göteborg y las 4h y media restantes de viaje fueron tranquilas y cómodas.

Entrar a Oslo por la autopista es precioso. Estás como en una montaña (creo recordar xD) y a la izquierda se ve el mar y las diferentes islas del llamado fiordo de Oslo (no, no es un fiordo de los espectaculares, esos están en el oeste, pero se le llama así), así como la ciudad en sí. Es un paisaje que puedes estar mirando 10 minutos sin pausa y no cansarte, por desgracia, no pude hacer ninguna foto buena.

La ciudad en sí es una pasada. Edificios modernísimos por todas partes, cuya combinación de cristales e iluminación te deja con cara de tonta, y a su vez también hay muchísimos edificios antiguos llenos de encanto, así que darse un paseo por allí es un gustazo.

El puerto es también una delicia. Lo encuentras nada más pasar el ayuntamiento. Te sientas en algunas escalerillas, observas el hipnótico mar (al menos el sábado lo era), las montañas, los barcos, y de fondo teníamos a un músico callejero tocando el saxo, ¿para qué pedir más?



Estuvimos en el Akershus Castle, construido má o meno en el 1300. Es una visita bonita porque entras como en un pequeño pueblecillo medieval allí al lado del centro de Oslo y puedes entrar al museo/castillo y darte un recorrido, que no tiene nada emocionante, pero tiene su encanto verlo por dentro.

Paso de poner demasiadas fotos, que están en facebook, y por ejemplo el edificio del ayuntamiento no es del todo bonito, todo hay que decirlo. La ópera también es espectacular, sobre todo de noche, yo no sé qué fijación tienen los escandinavos con las óperas, pero se esfuerzan al 200% al construirlas para que queden asombrosas. En definitiva, que la ciudad tiene bastantes cosas que ver (aunque yo reconozco que no vi demasiado), y con el Oslo Pass se puede ir gratis a casi todos los museos y visitas y viajar también gratis en el transporte público.

Ah, me veo en la obligación de resaltar lo curiosos que son los metros escandinavos. Bueno, sólo he estado en el de Copenhague y en este de Oslo, pero no hay verdadera necesidad de comprar el billete, no hay controles, es decir, no hay que "picar" como en otros metros, ni tampoco he coincidido con revisores en las veces que me he montado. Tú vas a la estación, coges el metro, sales, y ale, tengas o no el ticket. Supongo que es una prueba gorda de la diferencia entre la sociedad de por aquí arriba con otras.

Por supuesto, no podía pasar por alto el tema de los precios en Noruega. A ver, para que os hagáis una idea, cuando ves el precio de algo en coronas noruegas y quieres saber su precio en euros, tienes que dividir por 7. Por ejemplo, tengo junto a mí el ticket de una cena: una pizza mediana -> 89 kr. = 12€
2 menús cheeseburguer (simple) medianos en Burguer King: 110kr (22kr son de impuestos) = 15€.
Me dio por mirar en las máquinas expendedoras del metro (chocolatinas, zumos, bolsitas de golosinas, chicles... lo típico) y, si mal no recuerdo, nada costaba menos de 25 kr (casi 4€) y había cosas de hasta 45 kr (más de 6€). Y así podría pasarme horas poniendo ejemplos de lo forrados que están los noruegos.
Teniendo en cuenta que la corona sueca se divide por 9, tras este fin de semana Suecia parece un lugar hasta barato, increíble...

Y hasta aquí la entrada sobre Oslo, en definitiva recomiendo ir a quien pueda permitírselo y aprovechar al máximo para ver todo lo posible, porque se ve que están muy por encima de nosotros en varios aspectos.

martes, 18 de octubre de 2011

Semana turística

Realmente no sé si alguien sigue leyendo esto pero... el resfriado me ha puesto en modo trabajadora así que voy a actualizar el blog un poquito.

La semana pasada, concretamente el miércoles, decidimos ir a Göteborg a ver qué tal. Sinceramente, la ciudad tiene sus cosillas, pero teniendo en cuenta que es la segunda ciudad de Suecia, me esperaba mucho más. Diría que lo mejor del día fue la visita al museo de arte, pues digamos que tenía alguna exposición... inquietante. Creo que lo mejor que tiene la ciudad es la opción de salida nocturna (o eso parece) y la agenda de conciertos.

Más tarde, el sábado, visita a Lund y Helsingborg (aun
que a ésta fuimos básicamente para visitar el Ikea, ¡un verdadero Ikea sueco!).
Debo reconocer que si bien estuvimos unas tres horitas en Lund, me encantó, tiene ese toque medieval que le da un encanto brutal, es preciosa :) . Dejo algunas fotos, aunque no son gran cosa, pero de verdad que merece la pena andar por sus calles.


Helsingborg está pendiente de ver en condiciones, porque yo al menos sólo vi las afueras de la estación, pero no tenía mala pinta.





Por desgracia estas dos semanas hasta principios de noviembre va a haber que dejar a un lado las fiestas y escapadas, que toca ponerse a hincar codos para trabajos y exámenes (sí, aunque parezca mentira los Erasmus también tenemos que hacer algo de estudio). ¿Qué sera de noviembre? Pues no lo sé... pero hoy he estado pensando que mañana (día 20) hará dos meses que estoy aquí, y me quedará el mismo tiempo para volver a casa, y si bien no tengo prisa... pensar en la cena de Navidad (¡comida de verdad!), en el turrón, y en el invierno sevillano, cuyo frío es equivalente al que estamos sufriendo aquí ahora... no me disgusta nada la idea de que llegue el momento :D

lunes, 10 de octubre de 2011

Efectos de la Erasmus

Desplazarte más en bici que andando.
Cogerle el gusto al té.
No salir nunca de casa sin gorro/guantes/algo para cubrir el sillín de la bici.
Ser feliz cuando hace sol.
Pensar que hace buen tiempo si el termómetro oscila entre los 12-15 ºC.
Fliparlo si el termómetro oscila entre los 15 y 20 ºC.
Poner la calefacción del baño antes de la ducha.
Tener paquetes y paquetes de fideos instantáneos.
Fregar siempre después de usar.
Saber que siempre tienes que estar prestando atención a Facebook.
Tener dificultad para decir algunos términos en español porque el inglés ha tomado el control de tu lengua y cerebro.
Soltar palabras en sueco.
Ir por el super buscando siempre las ofertas.
Aprender a brindar en... ¿7? idiomas distintos.
Aprender a decir "hola" y "adiós" en otros tantos idiomas.
No ponerte el pijama hasta justo antes de dormir porque siempre puede haber alguien que llame a tu ventana aunque sean las 2 o las 3 de la madrugada.
Tener la mente abierta ante hechos inexplicables y desapariciones de objetos.
Matar mosquitos y arañas gigantes día sí día también.
Sorprenderte si ves a alguien con una cerveza de más de 3'5º.
Descubrir que cuando dicen que Suecia tiene la tasa de suicidio más alta, es por algo.
Llevar la procrastinación a niveles extremos y consolarte sabiendo que los demás hacen lo mismo.
Aprender que las máquinas con esa forma rara que resultan servir para hervir agua te salvan la vida día sí día también.
Indignarte si tienes que ir a clase más de 5h a la semana.
Acostumbrarte a tener lunes, martes-viernes, sábado, sábado, sábado, sábado y domingo.
Que te hagan una mini-entrevista y fotos para salir en la revista de la universidad.
Tener tu casa pero pasar en ella el mismo tiempo que en la de otros, y que tu tercer hogar sea el Maxi.

Y podría seguir la lista pero no me siento en absoluto inspirada, esto era más por actualizar el pobre blog.
Espero que la próxima entrada sea para contar experiencias en Lund :D

domingo, 18 de septiembre de 2011

Copenhague.


Cuando un miércoles te dicen "oye, ¿vamos mañana a Copenhague?" no te queda más opción que aceptar la propuesta. Y menos mal que decidí apuntarme, porque el viajecito fue corto (de jueves a viernes noche) pero intenso. Empezamos con llegar a la estación 5 minutos antes de que salga el tren, compramos los billetes, y cuando vamos al andén nos dicen que ese tren ha sido
cancelado, y en su lugar vendrá un bus. Vamos a esperar al bus, y viene la mujer a decirnos que llega tarde (genial, pues eran las 15:00 y la idea era ir a un concierto a las 20:00) y que va a comprobar si podemos ir en otro tren (pagando la diferencia, claro). Gracias a la labia, tono de buenas personas y cara de estudiantes sin dinero, ¿conclusión? ¡cambio gratis!. Tras 2h y media jugando a las cartas en el suelo del tren, porque iba así como que petado, llegamos a Copenhague. Ya de por sí el ver los vagones con decoración que había por las vías te anima.


Llegada, abre el mapa, regístrate en el hostal (que más que un hostal parece un hotel de 5 estrellas: foto ). Oh, sorpresa, son las 19:30. Visita fugaz a Christiania y luego al concierto, que ya había empezado cuando llegamos. Estuvieron bastante bien Birdy Nam Nam (a pesar de ser franceses xD), aunque se me hizo corto. Oh, se ha acabado el concierto, ¿qué hacer? Vuelta a Christiania ( para quién no sepa qué es: wiki ). Qué decir de este peculiar sitio... visita obligada, es increíble, aunque por la noche da un poco de respeto, todo hay que decirlo xD. Tras un rato, vuelta al hostal, y un par de horas después, a dormir, ¡que queda un viernes de turismo!

Así fue, desde las 10 de la mañana hasta la noche andando por todo el centro de Copenhague y por la zona de "costa". Debo reconocer que la ciudad me ha encantado, no sé porqué pero me recuerda a Barcelona (por algunas zonas). A lo mejor eso influyó en mi criterio xD.
Algunas fotillos:


El parque de la última foto tiene el césped más perfecto que haya visto, creo. Qué gustazo tumbarse allí, y qué depresión al compararlo con los parques que conozco en España xD.
Bueno, por la tarde otra visita a Christiania y vuelta en el bus (que no perdimos por 4 minutos).

Veo que se me va a hacer raro volver en Navidad, pues cuando pisamos Halmstad me invadió esa cálida sensación de estar en casa :). En definitiva, que pienso volver a Copenhague durante este año, sin dudarlo un segundo, muy recomendable. Eso sí, no volveré a ir en tren y volver en bus, pues mi bici sigue en la estación de tren esperando a que vaya por ella, 4km de agradable paseo me esperan hoy...

¿Por lo demás? Tranquilo ritmo de clases como siempre, tranquilidad en el estudio... demasiada quizás. Mucho visitar casas y horario vampírico los últimos días, mucho plan en gestación (¿Laponia en octubre?¿Lituania?¿Oslo?), mucho de todo lo bueno :). Ah, excepto de frío, que estas últimas noches estábamos en los 6, 7 grados. ¡Alegría!