viernes, 23 de marzo de 2012

¿Llegar hasta el culo del mundo? ¡Fácil!



Ya está hecho. Por fin, tras meses de espera, conseguí pisar la Laponia sueca. No creo que sorprenda a nadie diciendo que esperaba hacer este viaje desde el mismo momento que puse un pie en Suecia, y lograrlo ha sido magnífico.

Todo empezó un gris 15 de marzo, cuando nos encaminábamos hacia la estación para enfrentarnos a 24 horas de viaje. ¿Por qué tantas? Porque cuando miras un mapa de Europa y ves Suecia no parece tan grande como es. Sin embargo, desde Halmstad hasta Abisko (sí, también es cierto que nos fuimos a uno de los lugares más al norte del país, bien cerquita de la frontera con Noruega) hay unos 1800/1900 kilómetros, casi nada, ¿eh?.

Primero hay que coger un tren desde Halmstad a Göteborg, esto no es nada, una horita de viaje. Posteriormente, otro tren desde Göteborg hasta Stockholm, este son unas tres horitas de viaje, pero con lo bien que se está en los trenes de SJ no se hace pesado para nada. La parte complicada viene luego, cuando hay que montarse en el tren nocturno que va desde Stockholm hasta Narvik (Noruega), en cuya ruta Abisko es una de las últimas paradas. Se supone que teníamos que estar 17h en el tren, pero fueron más de 20. Mejor me ahorro decir el deplorable estado en el cual llegué al pueblo.

Una vez allí, es tal y como lo imaginas. Unas cuantas casitas, un super, una gasolinera, cuestas everywhere, centímetros y centímetros de nieve, montañas alrededor... y la sensación de que estás perdida en un lugar de lo más remoto (no es para menos, ya que se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico).

La primera noche tuvimos suerte y había una gran actividad de auroras boreales. No sé cómo describir lo que sientes cuando abres la puerta del hostal y ves sobre tu cabeza esa luz verde, en forma de pico, abarcando un gran trozo de cielo, creciendo en luminosidad y moviéndose como si de llamas se tratase... Y más boquiabierta te quedas cuando miras hacia atrás y ves otra a tus espaldas en corriente, aún más brillante... y es que el cielo estaba lleno, las había por todas partes. Jodidamente precioso.

Al día siguiente también pudimos verlas, pero eran más débiles. Aún así sigue dejándote sin palabras, increíble. La tercera y última noche no hubo suerte, pero bueno, tampoco hay que ser tan exigente, ¿no? :)
El último día que estuvimos allí hicimos la actividad del dogsledge, lo que viene a ser llevar un trineo conducido por perros. Debo decir que me encantó, simple y llanamente. No esperé que fuese a ser algo tan magnífico, pero lo es. Cuando tienes la primera toma de contacto con los perros y ves que están bien entrenados y son, la mayoría, de lo más cariñoso. Una vez estas en el trineo piensas y empieza, no esperas la velocidad que se alcanza, entre la fuerza de los perros y lo bien que desliza aquello por la nieve, es alucinante. También tiene su peligro, cuando en las cuestas abajo tienes que frenar para no chocar con el que va delante tuya (porque tus perros molan más que nadie y van el doble de rápido), y el equilibrio se pierde fácilmente y acabas comiendo nieve como si no hubiera mañana y corriendo detrás de tu trineo mientras gritas a los demás que lo paren. Un espectáculo, sí señor.
Estuvimos con los trineos corriendo más de 1h, y los paisajes que ves durante ese rato son impagables, ahí es cuando te das cuenta de que realmente estás en mitad de la nada. Precioso (no sé cuántas veces habré escrito esta palabra en la entrada, pero no importa). Una de las fotos hechas desde el trineo en la cabecera de la publicación, que me da pereza arrastrarla todo el texto hasta aquí abajo :P

Eso es tod... ah, ¡no! También he aprendido a esquiar, y he comprobado que es cierto lo de que puedes ir por el pueblo y encontrarte un alce comiendo a dos metros de ti, verídico ;)
En definitiva, una experiencia increíble que, sin duda, pienso repetir en cuando tenga tiempo, dinero y compañía. Por supuesto, a todos os recomiendo realizar un viaje de este tipo en algún momento de vuestras vidas, el dinero gastado merece la pena, y mucho.

Hej då!