Cuando te dicen que tienes plaza para irte un año de Erasmus a Suecia te pones a gritar, a dar saltos, a decírselo a todo el mundo, pero no te lo consigues creer. Yo no me lo he creído hasta esta mañana cuando miré por la ventana y reconocí el Turning Torso (
foto), siendo consciente de que éste se encuentra en Malmö y que estaba mirando por una ventanita al país que será mi hogar durante los próximos diez meses (creo que entonces me costó respirar durante cosa de 1 minuto xD).
Básicamente creo el blog para no repetirme contando anécdotas y, sobre todo, para recordarlas, que ya se sabe que a cierta edad la memoria es muy traicionera.
El caso, el viernes 19 salí de casa, en Sevilla, a eso de las 19:20. 24 horas más tarde estaba pisando por primera vez el suelo de Halmstad, y en todas esas horas (que no han sido cortas), puedo decir que me he dado cuenta que la experiencia Erasmus empieza en cuanto sales de casa: la simpatía y sonrisa de la señora que tenía al lado en el vuelo a Barcelona, el conocer a alguien que se dedica a algo que parece una utopía y que me quite cuatro horas de soledad vagando por el aeropuerto (qué dramatico ,¿no?), el sentirme cual deshecho social cuando a las ocho de la mañana estaba durmiendo al aire libre en el mismo aeropuerto y unos alemanes me tomaban el pelo, el coger mi primer vuelo con destino fuera de España, guiarme por el aeropuerto de Copenhague para llevar las dos maletas y la mochila del portátil y comprar el billete de tren adecuado, el pensar que había hecho algo mal porque el tren no llegaba y estar a punto de meterme en el que no era, entrar en el correcto y hacer un cambio en la estación de Malmö que parecía físicamente imposible, el que con dos palabras el revisor del tren me pregunte de buen rollo si soy española y se pase todo el trayecto siendo super amable, el conocer a alguien que está ido de la cabeza pero es feliz, el encontrar a alguien que viene de la misma ciudad para estudiar lo mismo y se aloja en la misma residencia... hasta el momento de bajarse del tren y darte cuenta de que estás ahí.
Afortunadamente todo fue según lo previsto y una chica estaba rondando la estación para recoger a los que llegábamos, y fue un gustazo poder dejar las maletas en el maletero y sentarse tranquilamente en el asiento. Entre zonas verdes, polígonos, edificios, campo y cosas varias, llegamos a Östra Standen, que es donde está la residencia (Strandparken). Allí el landlord nos recibe y nos da diversa información, cosas que necesitásemos y las llaves correspondientes, dejando el papeleo y demás para mañana. Me consulta si tengo alguna preferencia por las personas, pero todo era too much spanish o too much chinese, así que me pone junto a dos alemanas y un francés (el único al que he visto) y me da opción de cambiar la casa si no me encuentro cómoda por lo que sea. He tenido un buen rato de euforia entre el llegar a la casa, verla, soltar las cosas, y demás. A estas alturas ya pueden conmigo el aburrimiento y el cansancio del viaje.
Mañana quiero levantarme a medianamente buena hora para ver si averiguo como ir de aquí al centro, porque estamos junto a la playa y no sé cuál es el camino andando, pero me gustaría comprar comida y esas cosas básicas que ahora mismo me faltan (entre las que incluyo una bici de segunda mano, la superpoblación de bicicletas que hay aquí es impresionante), pero mañana es domingo y no sé si será buen día... así que creo que voy a dormir más de diez horitas y cuando despierte iré a preguntarle mis dudas al landlord.
Hasta aquí la apasionante historia de mi comienzo de Erasmus, porque no se me ocurre nada más y se me están cerrando los ojos de una forma casi vergonzosa. En otro momento, más y mejor.